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Tras las vacaciones veraniegas llega el momento de afrontar con entusiasmo un nuevo curso y nos parece un buen momento para recopilar datos de la colaboración que iniciamos el curso pasado con el colegio Balder.

Ya recogimos en un post las líneas en las que se iba a trabajar anticipando la entrada de la asignatura Tecnología, programación y robótica para investigar qué metodología producía una implantación más eficiente.

Los resultados que aquí se recogen responden a la observación y la experiencia de mi labor docente durante el proceso.



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En general, la aplicación de contenidos que incorporen la programación, la robótica y el diseño e impresión 3D refuerzan el interés del alumnado en la asignatura y en muchos casos producen claros cambios motivacionales (especialmente en alumnos bastante desvinculados del sistema tradicional por múltiples causas). No vamos a explicar aquí la importancia o valor pedagógico de los temas anteriormente mencionados, pero su uso eficiente en aula provoca que el alumno trabaje de manera más intensa y adquiera contenidos y destrezas que de otra forma costaría trabajar e impartir.

De los resultados obtenidos podemos sacar dos conclusiones:

Metodología más apropiada: en el caso de mi experiencia (seguramente no aplicable a todos los docentes o ámbitos educativos) los mejores resultados de trabajo se han obtenido mediante de la realización de una mezcla de problemas y proyectos. La motivación al abordar problemas de duración breve pero resultados tangibles ha sido muy grande. Así mismo, el proyecto ha sacado a relucir claramente una problemática social existente: no saber trabajar en equipo y no tener habilidades sociales o gestión de las emociones, siendo de tremendo valor pedagógico conseguir que el alumno sea consciente de estos problemas y entienda de la necesidad de mejorarlos para ganar seguridad como miembro de la sociedad que habitamos. Es cierto que, pese a que el Colegio Balder hace un esfuerzo en esta línea desde la etapa de infantil, las tendencias de ocio de la sociedad adolescente y el sistema educativo existente sesgan un poco las habilidades emocionales y las destrezas trabajando en equipo, potenciando la necesidad de adquirir determinadas calificaciones en pruebas objetivas oficiales como medio para acceder a unos estudios superiores.

Mejores resultados según el curso: en este caso, si bien los alumnos más pequeños han trabajado una metodología más clásica, son los que mayores resultados han obtenido, pues su puesta en escena siempre ha sido más creativa y autónoma que en el caso de alumnos de cursos superiores. Pese al método menos idóneo que trataba de mantener uniforme el discurrir por los contenidos los alumnos han llegado a cotas más altas de destrezas que otros cursos y en muchos casos he notado la necesidad de tener que liberar las riendas y dejar que avanzasen a ritmos dispares.

Si tengo que hacer un análisis crítico de lo acontecido durante el curso diré que, a mis ojos, trabajar una metodología alternativa demuestra que el sistema tradicional sesga las personalidades y la creatividad y va encauzando al alumnado a una dependencia de pasos, guías y procesos totalmente amoldados a un trabajo lineal. Quizá es debido a la tremenda inercia adquirida en el sistema desde antes de la revolución industrial, que tanto valor le dió a la educación sistemática para encajar sujetos en el engranaje laboral existente. Dicho de otra forma: con el sistema educativo existente en nuestro país cohibimos la creatividad, intuición e identidad de los alumnos y es quizá en este momento de la historia cuando más necesitamos ese tipo de destrezas.